«¿Cuál fue el consejo de Iván Pedroso? Me dijo que retrocediera mis pies y corriera, ya que estaba frenándome mucho antes de la tabla. Así que eso fue lo que hice», reveló Jordan Díaz cuando los medios le preguntaron sobre el ajuste crucial que lo llevó a volar a donde solo los mejores pueden llegar. Pedroso comprendía que la clave para que Jordan superará los 18 metros en su primer salto residía en la velocidad. El cubano, campeón múltiple y el entrenador de saltos más destacado del mundo, entendía que para un salto largo era necesario alcanzar la máxima velocidad justo antes de la tabla de batida.

Maneras de leyenda

Los datos y la experiencia del pasado lo corroboran. Desde 1995, el actual plusmarquista mundial de triple, Jonathan Edwards, registró una velocidad media en su carrera para el récord de 8.9 metros por segundo. En los tres primeros intentos, Jordan se quedaba considerablemente por debajo de esos registros, por debajo de los 8 metros por segundo. Sin embargo, con el consejo de Pedroso, los datos, recopilados por el técnico de la RFEA encargado de examinar la final, Pau Fradera, indican que en los 18.18 metros de Jordan, la velocidad aumentó hasta los 8,05m/s. O, en otras palabras, 28,98 kilómetros por hora en el pasillo.

La velocidad de un campeón

Más que notable es la velocidad que llevó a Díaz a volar más y más rápido: tardó 0,67 segundos entre la batida en la tabla y el primer apoyo, 0,68 segundos entre el primer y el segundo apoyo, y finalmente, 0,98 segundos en el último vuelo que lo coloca entre las leyendas de su deporte. Más velocidad se traduce en un contacto más potente con la plataforma instalada en el Olímpico de Roma para los concursos de saltos y un efecto muelle mucho más pronunciado en sus piernas para volar. En el análisis de sus mejores saltos, Edwards siempre ha subrayado la importancia de mantener la velocidad» entre los dos primeros saltos para llegar con suficiente impulso al último».

Pero lo que realmente caracteriza al nuevo campeón de Europa es su físico prodigioso y sus piernas eternas, que le permiten una amplitud exagerada en cada fase del triple salto. Una prueba de ello son las mediciones realizadas por la federación española sobre la longitud de los tres saltos del atleta afincado en Guadalajara: 6,34 metros hasta el primer apoyo [hop], otros 5,70 metros en el segundo [step], y un último salto hasta el foso de 6,14 metros [jump], completando así los 18,18 metros.

El físico, oro puro

¿Cuáles son las diferencias con el actual récord del mundo de Edwards de 18.29m.? Son diversas debido a las diferencias en la fisionomía de ambos, pero resalta el reparto de distancias en los saltos. El británico registró 6.05m. en su primer apoyo, el segundo salto fue de ‘solo’ 5.22m., pero rompió todos los moldes con un espectacular salto de 7.02 metros en el último hasta caer en la arena. Comparativamente, Jordan llegó 29 centímetros más lejos en el hop, aumentó su ventaja hasta los 77 centímetros en el step, pero se vio superado con un jump final del británico que fue 88 centímetros más largo que el del español.

Al analizar y comparar estos datos, podríamos pensar que la clave para que Jordan Díaz alcance el récord mundial podría residir en ese último salto, aunque no necesariamente. Las diferencias físicas entre ambos atletas provocan una forma completamente diferente de correr y saltar. No sería sorprendente que, si finalmente logra batir la plusmarca mundial bajo la tutela de Pedroso, sea gracias a una mejora en la distancia de los dos primeros saltos. Sin embargo, tampoco podrá extender demasiado su distancia con la arena, ya que en Roma se quedó a 0.96m., a menos de un metro de alcanzar la arena para dar el último impulso hacia la gloria.